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Una joven que se endeudó para poder estudiar consigue la exoneración del 100% de la deuda

Muy joven y con ganas de comerse el mundo, decidió que quería realizar estudios universitarios, y como la nota no le daba para entrar en una universidad pública, se matriculó en una universidad privada, para lo que tuvo que pedir un préstamo a una entidad financiera, que pagaría con los rendimientos de su trabajo una vez terminara los estudios.  Salió de casa, cambió de ciudad y de compañías, y aquí está la historia de nuestra amiga contada por ella misma.

Yo quería estudiar y triunfar en la vida

Me gustaría contaros mi historia sobre cómo toda la situación de mi deuda me ha angustiado hasta límites insospechados y como he podido salir de esta situación con la Ley de Segunda Oportunidad.

La ilusión de mi vida era estudiar, triunfar y labrarme un porvenir por misma. En la ciudad donde vivía no pude acceder a los estudios públicos de la carrera que yo quería, por lo que tomé la decisión de que si o si, quería hacer esa carrera, y solicité un crédito a una entidad financiera para realizar mis estudios en un centro privado.

Todo empezó en el año 2015: terminé la carrera en el 2012 y no encontraba apenas trabajo. En el año 2014, a finales, se terminó mi relación sentimental y el trabajo que tenía. Me quedé en la calle y sin trabajo. Ese mismo año empecé a trabajar, un par de meses, pero no cubría gastos. Vivía en un pequeño piso que no podía compartir. Los gastos eran muy superiores a los ingresos.

En 2015 solo trabajé desde abril a septiembre impartiendo dos certificados de profesionalidad, y los gastos seguían subiendo. Tuve que hacer un máster para poder seguir impartiendo formación a nivel de formación profesional, y no hubo más opción que la privada.

Desde el año 2007 acudo muy frecuentemente al psicólogo por numerosos traumas infantiles que me provocan graves problemas de salud a nivel mental y físico. Presento un acortamiento muscular bastante importante, a causa de los ataques de pánico que sufro desde el año 2003. 

Estas visitas se incrementaron en el año 2012 unidas a constantes visitas al fisioterapeuta, muchas veces para poder moverme por los problemas en la espalda.

La verdad es que no tuve mucha suerte, y en la empresa en la que trabajaba en el 2015 tenía casi más gastos que ingresos. Aunque parezca increíble, la empresa me pagaba un dinero, que yo luego tenía que “devolver” comprándoles algún servicio. Por ejemplo: las prácticas de mis alumnos que yo busqué, la empresa en la que realizaron las prácticas me cobraron 2000 euros aproximadamente por la elaboración de documentación.

En el año 2016, después de impartir otro certificado con la misma empresa, les tuve que comprar un servicio de grabación de contenidos por un importe de casi 8000 euros.

De forma que los gastos superan a los ingresos, y la deuda por los préstamos y tarjetas crecía más y más.

Cada mudanza era un gasto desorbitado. En cada piso que aterrizaba acababan poniéndolo a la venta y me tenía que ir. Actualmente (marzo de 2020) estoy en la misma situación. El piso está en venta.

Año 2016: Rompí con mi pareja en circunstancias muy dolorosas y me hundió un poco más en la miseria.

Mis problemas de salud tampoco me permitían hacer mucho. Así que en septiembre de 2016 empecé a trabajar en un Campus en una localidad de Madrid. Desde septiembre a mayo hubo meses que facturé 400 euros porque no eran suficientes horas debido a las vacaciones escolares. Luego impartí con ellos un certificado, pero las tarjetas seguían aumentando. Por suerte ya había empezado con Cruz Roja a impartir certificados de profesionalidad, cuyo salario eran unos 1215 euros. Que con los préstamos y las tarjetas revolving no llegaban para nada. Entre medias me vi envuelta en la estafa de Idental.

Como aún vivía envuelta en mis problemas psicológicos, no me di cuenta de lo que pasaba hasta que fue demasiado tarde. Sin solución. Otro préstamo más. Y empezamos de nuevo con el dentista, BUENO, aun no empezamos con el dentista, y me faltan 2 piezas claves. 

El inmueble donde vivía es puesto en venta, así que vuelvo a mi localidad, cerca de la familia y amigos, cosa que conlleva un gran gasto, pero mi salud mental lo necesitaba. Más préstamos, más tarjetas. En Cruz Roja como trabajadora, mi tiempo de dedicación empezó siendo de jornada completa para pasar a ser de 8 horas semanales.

Me llamaron de las empresas CESUR y de Lider SYtem en el año 2020 y ahora trabajo para CESUR. Entre medias, llegó la pandemia y mi voluntariado en cruz roja (voluntaria desde hace 25 años y 2 años como trabajadora) me dejó como regalo la COVID 19.

Después de pasarme de abril a junio encerrada en casa bastante enferma, ahora tengo que lidiar con las secuelas, las cuales se acusan más por el estrés, o eso afirman en Atención Primaria. Vivo permanentemente cansada, con una gran fatiga que no me ayuda en las entrevistas de trabajo.

En el año 2020, ya no puedo más, y tengo que dejar de hacer frente a los pagos, la situación es insostenible y necesito ayuda, por lo que pongo mi caso en manos de unos EXPERTOS EN LA LEY DE SEGUNDA OPORTUNIDAD.

En este momento, toda la situación de mi deuda me tiene angustiada hasta límites insospechados, he llegado a una situación en la que lo único que quiero es que “todo termine” para poder volver a dormir, que hace años que no lo hago. Tengo un sobrepeso desmesurado por el estrés y necesito ocuparme de sanar mi mente.

Siempre pienso en lo mal que hice las cosas: empecé la carrera con 30 años, me fui lejos de casa. Un familiar me ha apoyado la mayor parte del tiempo económicamente sobre todo para pagar la carrera y ahora para poder seguir viviendo. Me he planteado volver a mi tierra, pero allí hay aún menos trabajo, y no estoy fuerte psicológicamente para volver allí y enfrentarme o encontrarme con determinadas personas. Mi autoestima está muy dañada desde hace años, y cada vez que doy un paso adelante, ocurre algo y doy 15 para atrás. Me han enseñado que hay que trabajar y no generar deudas, y ¿cómo vivo? Apenas puedo trabajar y vaya deuda que tengo. Si mis abuelos levantaran la cabeza, morirían de vergüenza y de pena. Todas las semanas 50 o 60 euros en la consulta del psicólogo, es un gasto muy grande, que ha servido de mucho, pero aun me queda mucho camino. Espero poder volver a la consulta y poder vivir tranquila, y no ir por la calle con la cabeza agachada por la vergüenza que siento.

Volviendo la vista atrás, reconozco que he tomado muy malas decisiones, en parte porque estoy bastante sola a nivel familiar, pero en este momento todo empieza a encauzarse. Mi expediente de Segunda Oportunidad se encuentra en el juzgado, ha pasado todos los trámites, y actualmente solo queda la concesión del BEPI por parte del Juez. Trabajo unas horas por la tarde y por las mañanas terapia física para luchar contra la covid y a estudiar para presentarme a las oposiciones de Enfermero Interno Residente y así encontrar un trabajo estable con unos ingresos estables.

A estas alturas de mi vida, solo quiero empezar de nuevo, para llevar una vida tranquila y poder descansar y lo mismo, con el tiempo, lo mismo hasta encontrar la felicidad.

NOTA DE NO MAS ENDEUDAMIENTO. – Con fecha 18/02/2022 el Juzgado Mercantil numero 18 concedió el BEPI exonerando a esta joven de todas sus deudas, por lo que podemos decir que esta historia ha tenido un final Feliz

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Publicado el

24 de febrero de 2022

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