Todo empezó cuando me quedé embarazada

Me llamo Cristina Pérez, y me gustaría contaros mi historia sobre el acuerdo extrajudicial de pagos al que me vi obligada a realizar por mis circunstancias personales.

Todo empezó hace realmente dos años. Cuando me quedé embarazada, quería darle a mi hija todas las comodidades posibles y usé varias tarjetas de crédito para amueblar su habitación. Entre las tarjetas que tenía en mi poder había las de Ikea y Merkamuebles. Ya las había usado con anterioridad cuando nos mudamos a nuestra actual casa. Pero en ese momento no teníamos problemas financieros para pagar ambas tarjetas, ya que mi marido y yo teníamos trabajo y cobrábamos una buena nómina entre ambos.

Pero transcurridos unos meses, me comunicaron una bajada de sueldo a 900 euros. O aceptaba o la otra solución era el despido. Desde ese momento, empezamos a ir más apurados de dinero. Todo se empezó a torcer. Se nos estropeó la caldera por lo que tuvimos que comprar otra nueva y, nuevamente financiarla. Al vernos ahogados y a punto de nacer mi hijo, mi marido me propuso unificar las deudas en un solo crédito. Lo hicimos y pensamos que era lo correcto, pero no hacíamos más que aumentar nuestros problemas financieros.

Caída de ingresos y efecto bola de nieve

Cuando mi hijo nació y finalizó mi baja por maternidad, la empresa cerró y tuve que ir al paro, con lo cual mi nómina era todavía más baja. Nos vimos obligados a usar otras tarjetas, como las de Cetelem, Wizink, etc. En ningún momento pensaba ni sabía dónde me metía. Solamente quería tapar agujeros y poder dar a mi hijo todo lo mejor.

Pero pronto empezamos a ver que nos habíamos equivocado. Cada mes pagábamos una cantidad enorme de dinero por culpa de las tarjetas revolving, pero la deuda no decrecía, sino al contrario: cada vez era más grande.

Y caímos en el pozo. Pagábamos las tarjetas con otras tarjetas y nunca conseguíamos “salir del agujero”, sino que se hacía más y más profundo. Intentamos una reunificación de crédito con Cetelem, pero nos lo denegaron. Fuimos a nuestro banco, y más de lo mismo. No había ninguna solución. Navegando por Internet, tras días de mucha preocupación y agobio, encontramos en internet un artículo donde se hablaba de la Ley de Segunda Oportunidad.

Solución: acuerdo extrajudicial de pagos y reducción de deuda

Contacté con él y nos comentó que podíamos acogernos a la Ley de Segunda Oportunidad. Pero nos recomendó un acuerdo extrajudicial de pagos, en lugar de intentar ir a por la exoneración de la deuda porque durante unos 5 años estás intervenido y te quitan todo lo que pueden para pagar la deuda.

Nuestra intención siempre fue pagar la deuda, pero de forma justa. Era impensable pagar una deuda con tasas de interés del 27% como Wizink. La verdad que el camino fue complicado, pues tuvimos que entregar muchísimos papeles y solicitar un acuerdo de pagos que podía o no salir, según decidieran los acreedores.

Con toda la documentación necesaria tuvimos que ir a la notaría para empezar con el procedimiento y que nos asignasen un mediador concursal que es el que se encarga de mediar con los acreedores. Nuestro mediador no hizo mucho, la verdad, sino que todo se lo debemos a la abogada, que fue la que logró tirar adelante el acuerdo.

Resultado final y aprendizaje

En mi caso se negoció la quita del 50% a pagar en 5 años. Yo tenía una deuda de casi 40.000€ y se me quedó en casi 20.000€, y a pagar solamente 329€ al mes, en lugar de los 1.200€ que pagaba antes.

La Ley de Segunda Oportunidad existe y funciona, pero hay que dar con buenos profesionales.